Cinco pasos para preocuparse menos

Actualizado el 9 agosto, 2019 - 137 visualizaciones Cinco pasos para preocuparse menos

No hay manera de curar la preocupación, pero podemos aprender a reconocerlo mejor y guiarnos suavemente hacia lo que importa.

Todos hemos oído el dicho de que en la vida hay altibajos y hay el clásico dicho oriental de que la vida está llena de 10.000 alegrías y 10.000 tristezas. Con esto existe la sabiduría de que todas las cosas van y vienen, pero el cerebro tiene una forma divertida de amplificar las penas y minimizar las alegrías por buenas razones evolutivas. Cada vez que el cerebro percibe algo como “malo” comienza a preocuparse por ello. Pero muchas veces no hay una utilidad real para la preocupación, sólo sirve para cavar en un agujero más profundo y nos ciega a las alegrías que podrían estar esperando a la vuelta de la esquina.

5 pasos para preocuparse menos

Realmente no hay manera de curar la preocupación, pero podemos aprender a reconocerla cada vez mejor y guiarnos suavemente hacia un sentido de perspectiva y de lo que importa.

1. Suavizar su comprensión de la preocupación

La utilidad de preocuparse es tratar de anticipar y evitar cualquier peligro potencial y mantenernos a salvo. Es el cerebro tratando de protegernos y la preocupación ciertamente tiene su lugar y su tiempo. Pero a menudo, preocuparse sólo sirve para aumentar nuestro sistema nervioso y llevarnos a un lugar desequilibrado que sólo conduce a una mayor preocupación. El cerebro tiene buenas intenciones, pero nos lleva a un círculo vicioso destructivo.

2. Permitir y aceptar el sentimiento de miedo

La preocupación por lo general despierta la sensación de miedo o ansiedad. En este paso consciente, simplemente estamos reconociendo que este sentimiento está aquí. Diciéndolo todo. Queremos hacer lo contrario de resistirlo, porque lo que resistimos persiste. Así que en vez de eso, practicamos dejar que sea como es. Aquí estás diciéndote a ti mismo, “permitir, permitir, permitir, permitir”.

3. Siéntase preocupado con amabilidad

Ahora tenemos la oportunidad de profundizar nuestra conciencia e investigar el sentimiento. Aquí puedes elegir poner tu mano en tu corazón o donde sea que sientas la sensación en tu cuerpo. Esta es una forma de indicar al cerebro una sensación de amor o bondad hacia el sentimiento, que puede cambiar todo por sí solo. El cerebro también tiene que mapear la sensación del tacto con la que está inversamente correlacionado con la rumia mental, bajando el volumen del pensamiento negativo.

Pruebe esta sencilla práctica:

  • Mientras te preocupas, podrías preguntarte: “¿En qué cree este sentimiento?” ¿Cree que no eres amado, indigno, o tal vez que si lo permites, te consumirá?
  • Hágase la pregunta, ¿qué necesita este sentimiento en este momento? ¿Necesita sentirse cuidada, segura, sentir un sentido de pertenencia?
  • Cualquiera que sea la respuesta, ve si puedes plantarlas como semillas en ti mismo. Por ejemplo, puedes plantar las semillas de la intención diciendo: “Que me sienta seguro y a salvo, que me libere de este miedo, que tenga un sentido de pertenencia”.

4. Amplíe su conciencia para incluir a todas las personas

Cualquiera que sea la preocupación, es importante que sepas que no estás solo. Sentirse vulnerable es parte de la condición humana y millones de personas luchan con la misma fuente de vulnerabilidad que uno experimenta. Pero cuando nos sentimos vulnerables por la ansiedad, a menudo todo se trata de nosotros mismos, también necesitamos personalizar la experiencia y salir de nosotros mismos.

Puedes hacer esto imaginando a todas las demás personas que luchan preocupándose y deseándoles las mismas intenciones que tú mismo acabas de desear.

Por ejemplo, Que todos sintamos una sensación de seguridad, Que todos seamos libres del miedo que nos mantiene en un ciclo perpetuo de preocupación, Que todos sintamos ese sentido de pertenencia, etc….

5. Repita los pasos del uno al cuatro tantas veces como sea necesario.

Si se da cuenta, los pasos uno a cuatro deletrean el acrónimo SAFE para que pueda recordar fácilmente qué es y para qué sirve. A medida que practiques esto intencionalmente una y otra vez, con el tiempo notarás que empiezas a volverte menos reactivo a la mente preocupada, más compasivo contigo mismo a medida que surge, e incluso tienes la perspectiva de que esta preocupación es parte de la condición humana y que no estás solo.

Cuando seamos capaces de bajar el volumen de preocupación en nuestras vidas, ¿qué habrá en cambio? Para muchas personas, es una sensación de amplitud, facilidad y alegría.